Inestabilidad pendular peruana: algunos puntos de vista con miras a la segunda vuelta
- Israel Lira

- hace 2 horas
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En este mismo espacio dábamos una primera lectura tentativa de los resultados de la primera vuelta de las elecciones generales peruanas llevadas a cabo ahora poco. Y desde este punto, el primer hecho de interés para el análisis y que ha llamado la atención de muchos peruanos, es que, desde hace mucho no hemos tenido elecciones en primera vuelta que hayan sido celebradas en dos días, ya que la jornada electoral del pasado domingo 12 de abril se extendió hasta el lunes 13 de abril, por diversidad se problemas logísticos, como la falta de distribución a tiempo del material electoral, que devino en demoras en la instalación de mesas de votación, afectando con ello a 63,300 votantes que no pudieron ejercer su derecho al voto sino hasta el día lunes.
Lo anterior, junto con otras irregularidades advertidas en los días siguientes, como la aparición de cajas con cédulas de votación abandonadas, ciertamente llamó la atención de la opinión pública, hecho que ha sido explotado por el candidato Rafael López Aliaga para sustentar su narrativa de fraude electoral. Sea como fuere, no se puede negar que la conducción del proceso electoral ciertamente adoleció de malos manejos, razón por la cual Piero Corvetto, el Jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales – ONPE, en el cargo desde Agosto de 2020, optó por presentar su renuncia el pasado 21 de abril ante la ola de críticas a su gestión.
Pasando a la actualización de los resultados. Hasta hace una semana se avizoraba que la segunda vuelta sería entre Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, pero en un vuelco de acontecimientos, previsible hasta cierto punto y que encuentra su explicación en lo que ya se había comentado sobre la profunda fragmentación de las preferencias del electorado peruano en diversidad de ofertas políticas, es que ahora tenemos que, el escenario se orienta para una segunda contienda entre K.Fujimori y el candidato de izquierda Roberto Sanchéz Palomino de Juntos por el Perú. Este partido nace en 2017 cómo una plataforma de encuentro de diversas organizaciones de izquierda entre las que resaltan el Partido Comunista Peruano y el Partido Patria Roja, entre otros.
Sin perjuicio de lo señalado, igual tendremos que esperar el conteo definitivo al 100% para completar el panorama, ya que entre López Aliaga y Sánchez Palomino, la diferencia es solo de 0.144%, lo que equivale a 23, 145 votos válidos. Al momento de emisión de la presente ya todas las 88,670 actas regulares han sido contabilizadas, lo que equivale al 95.585%. El 4.413% de actas restantes corresponde a las actas observadas que están en manos del Jurado Electoral Especial – JEE que es el órgano encargado de resolver las observaciones y devolverlas luego, de ser el caso, al conteo general.
Ahora ¿Qué cabe comentar sobre el candidato Roberto Sánchez? Sánchez a diferencia de Pedro Castillo, no fue un fenómeno en exclusivo rural, sino un fenómeno netamente urbano que se expandió al campo, y que canalizó la decepción del electorado de izquierda a través de la reivindicación de la estética y la práctica Castillista, y hasta la fecha esa estrategia, junto con el reciclaje del Etnocacerismo de Antauro Humala (hermano del ex presidente Ollanta Humala), le han funcionado muy bien. Sánchez representa un claro populismo de izquierda, y de pasar a la segunda vuelta, hay que decirlo, las contradicciones de nuevo nos recordarían a las elecciones de 2021, y que, en tiempos de sus respectivas campañas, enfrentaron un populismo de derecha que proponía estabilidad y orden (K.Fujimori) y un populismo de izquierda que proponía reformas estructurales (P.Castillo). Y que como ya se sabe, en la práctica se plasmaron en continuidad del orden neoliberal; y en incapacidad de siquiera cuajar un programa coherente de gobierno para un proceso de reformas que ya lleva amplio retraso desde la caída del régimen fujimorista, respectivamente.
Sánchez arrastra una percepción negativa sobre la ineficacia de la izquierda peruana en la gestión pública sobre sus hombros, por el pobre manejo gubernamental de Castillo. Pero también cuestionamientos a su propia persona por corrupción y delitos contra la administración pública que habrían tenido lugar durante el gobierno de Pedro Castillo, en el que Sánchez fue Ministro de Comercio Exterior y Turismo.
Por otro lado, las declaraciones públicas de Sánchez, caracterizadas por un evidente desconocimiento de materias de manejo económico, en particular, sobre las funciones del Banco Central de Reserva – BCR y el manejo de las Reservas Internacionales (RRII) –a las cuales pretendía dar naturaleza de caja chica (practica que en los 80s, nos llevó a un proceso de hiperinflación que fue el peor de nuestra historia republicana, en donde p.ej. se usaron las reservas internacionales para la adquisición de bienes del exterior para supuestamente aumentar la oferta global de la economía)–; esto no ha hecho más que reforzar esa percepción negativa, y que ciertamente será aprovechada por su contraparte. Razón por la cual, Sánchez ha tenido que corregir su narrativa sin por ello abandonar su clara orientación estatista sobre las políticas gubernamentales.
La gran pregunta que hacíamos en la primera entrega actualizada de este tema se mantiene: ¿Será Roberto Sánchez el nuevo adalid de la tan esperada reforma de la izquierda peruana? Muchos opinan que el continuismo de una izquierda peruana desfasada se mantendrá, y todo parece indicar ello y nosotros reafirmamos ese parecer. Ya que la percepción del ciudadano de a pie al respecto, sobre todo en Lima, es que la izquierda peruana se ha quedado en una lectura desfasada de las relaciones sociales, bajo marcos interpretativos ya caducos, aplicables para los escenarios de las dos primeras revoluciones industriales y sus impactos en el mundo del trabajo, y por ello incapaces de actualizar su teoría con la práctica de naciones de socialismo de mercado avanzado como China, Vietnam y Laos. Asimismo, en el plano geopolítico, la lectura de la izquierda peruana sigue bajo marcos hermenéuticos bipolares obsoletos que ocasionan que no comprendan los reales alcances de lo que implica realmente la multipolaridad en construcción.
Al interior del país la lectura cambia, ya que la izquierda ha mantenido, no diremos un voto fuerte, pero si constante en el tiempo, lo cual es un claro reflejo de los problemas no resueltos en materia de planificación y modernización de un Estado que no ha sabido homologar el crecimiento económico peruano de las últimas tres décadas, con un desarrollo social efectivo por el más que evidente estado deficiente de la salud, la educación y la justicia pública –que se agrava a medida que nos alejamos de la capital–, la eterna promesa incumplida del goteo de las políticas neoliberales de los 90´s, siendo esto capitalizado por el discurso de izquierda en zonas rurales.
Sin embargo, no menos cierto, es que esto ya se ha tornado en una problemática compartida tanto por gestiones de izquierda como de derecha. Ya que la izquierda al interior del país ya ha tenido acceso a cuotas de poder en diversidad de gobiernos regionales (p.ej. como fuera el caso de Puno, Cusco, Ayacucho y Junín), y la gestión de estos gobiernos tampoco ha sido coherente con una prédica en favor de las grandes masas populares, seguido de casos de investigaciones por corrupción.
Otro factor que explica en parte la mayor inclinación del electorado rural por opciones de izquierda, es la clara percepción del abandono del Estado en la debida atención a problemas de infraestructura y manejo de los recursos naturales, atribuido siempre a los efectos negativos del persistente centralismo político y económico de la capital sobre las demás regiones del país, y esta persistencia es atribuida a políticas que vienen desde la derecha política por su accionar tanto en el Poder Ejecutivo como en el Legislativo en distintos momentos de nuestra historia nacional. Si bien esto último tiene respaldo histórico, no menos cierto es que los gobiernos regionales no por ello han dejado de manejar amplios recursos presupuestales que terminan por ser mal ejecutados. Por lo que centralismo y regionalismo ahora tienen un punto en común en la deficiente gestión pública. Como vemos, la dinámica política peruana tiene diversidad de matices, siendo el pueblo el que siempre se queda en el medio de estas disputas, esperando el día en que un gran movimiento de amplia moralización política, inspirada en valores cristianos y andinos, y de profundas reformas de gestión, avizoré su aparición. Por lo pronto, para la segunda vuelta que se llevará a cabo el 07 de junio, ambos populismos deberán saber responder a las apremiantes exigencias de mayor seguridad ciudadana y de paz para el trabajo.
Fuente (con traducción disponible en 10 idiomas): https://sovereignty.com.br/culture-identity/elections-and-the-state-of-democracy-in-peru-reflections-on-the-results-of-the-first-round/
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