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Introducción a la Gnoseología

  • Foto del escritor: Israel Lira
    Israel Lira
  • 9 abr 2018
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 25 abr 2022


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De acuerdo con aceptada gnoseología contemporánea, hay una diferencia trascendental entre el acto de Conocer, Saber y el de Pensar.


El Conocer, es el primer contacto del sujeto cognoscente con un objeto, este proceso no hace énfasis en si el sujeto obtiene información o no del mismo, solo se hace referencia al hecho per se dé un primer momento entre sujeto y objeto.


El Saber, es un segundo estadio que ya implica, como consecuencia del contacto, la recolección de información y el uso de la misma.


Por otro lado, el Pensar, es ya un tercer estadio más completo y complejo, –y nos atrevemos a decir, define a la condición humana en un sentido esenciológico y ontológico– ya que implica la profundización y creación de nueva información a partir de la experiencia empírica. El acto creativo por excelencia.


Estas distinciones son consustanciales para la plena comprensión de un fenómeno al que llamaremos de disgregación o licuefacción de la personalidad, como epifenómeno de la desintegración del conocimiento (De Alejandro, 1974). El conocer, en palabras de José M.a De Alejandro, es el nervio vital de la personalidad. Solo a través del conocimiento podemos vivir nuestra humanidad a plenitud. El hombre en tanto persona, es , efectivamente un ente que conoce, que tiene la facultad de conocer, de interactuar con su entorno, es por esta razón que, bajo el autor en mención, el hombre Es, en tanto persona, porque puede conocer, pero es persona realizada y plena, en tanto crea y plasma su pensar en la realidad fenoménica, es decir, a través de la personalidad el hombre existe en toda su potencialidad. Al respecto:


«Un conocimiento pobre da por resultado una personalidad oscura, elemental, reducida casi a la fisiología; por esto el conocimiento animal carece de gnoseología; se trata de un conocer ajeno a la creación de la personalidad. El conocimiento pobre nos arrastra a las exigencias inauténticas de que hablan algunos filósofos existencialistas» (De Alejandro, 1974, XIII).

Es por dicha razón que el autor en mención concluye que el hombre es proporcional a su conocimiento. Mientras más conocimiento acumula el hombre, ello trae como fruto la construcción de una persona cuya originalidad se ve manifiesta en la diferenciación del pensar y el acto creativo. Mientras que el conocimiento pobre no puede generar más que existencias monótonas y homogéneas, cuasi formales o matemáticas, equivalentes a una existencia factual estadística como ente que conoce, porque existe, y sabe por qué tiene el órgano que le posibilita tal proceso, pero que no piensa, que no crea.


La posmodernidad es, ante todo, una crisis de personalidad, en tanto que falto ese elemento de la riqueza del conocer, no puede existir propiamente la personalidad, en tanto la falta de certeza, niega a la persona la asunción de principios científicos, éticos y filosóficos, que guíen su actuar de una manera racional y no pasional.


Esta visión gnoseológica nos permite comprender la gran crisis de despersonalización que atraviesa la sociedad en general, ocasionando con ello no solo una crisis de conocimiento, sino también de identidad, en tanto que el grado de desconocimiento no solo se aplica a uno entendido como aversión a la realidad, sino también como desconocimiento de uno mismo (fundamental en la autopercepción del yo en el otro) y del entorno.


Fuente: LIRA, Israel. «Columna de Opinión No. 29 del 09.04.2018». Diario La Verdad. Lima, Perú.


 
 

© 2021  Israel Lira 

Sol Andino
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