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La Filosofía como Repetición Creativa

  • Foto del escritor: Israel Lira
    Israel Lira
  • 9 feb 2018
  • 3 Min. de lectura

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Louis Althusser (1918-1990), fue tal vez el último de los epígonos de aquella concepción escolástica de la filosofía, comprendida como philosphia perennis, es decir, como una constante repetición o como un retornar en lo mismo, al estilo nietzscheano (Badiou, 2007).


Pero ¿Qué es esto de lo mismo? ¿Qué es la mismidad de lo mismo, que retorna en el destino ahistórico de la filosofía? Se pregunta Alain Badiou (2007) en un breve ensayo del mismo nombre que el presente. Badiou da algunos alcances interesantes desde la propuesta althussiana, en tanto que, para responder a estas interrogantes, necesariamente tenemos que rozar con la esencia misma de la filosofía. Esta esencia de acuerdo con Badiou, y en torno al debate, puede ser entendida desde dos aristas, una que nos remite a la filosofía como un conocimiento reflexivo, como autoconocimiento de la razón (Hegel, 2010), en el ámbito teórico, y como conocimiento de los valores que rigen nuestra vida en un ámbito más práctico, el filósofo se manifiesta así en su forma de profesor, tal como lo fueron Kant, Hegel, Husserl, etc.


La otra arista ve a la filosofía no como un conocimiento, ni teorético ni pragmático, en sí mismo, sino como transformación directa de un sujeto. En el sentido de «Sócrates hablando a los jóvenes en las calles de Atenas; como Descartes escribiendo cartas a la princesa Elizabeth; como Jean-Jacques Rousseau escribiendo sus confesiones; o las obras de Sartre… (…) La diferencia es que la filosofía ya no es conocimiento, o conocimiento del conocimiento. Es una acción. Uno podría decir que lo que identifica a la filosofía no son las reglas de un discurso, sino la singularidad del acto» (Badiou, 2007). Althusser, marxista él, aboga por esta visión activa de la filosofía, definiéndola como una lucha política en el campo teorético.


Badiou rescata de estas consideraciones dos cosas fundamentales: 1. El acto filosófico esta caracterizado por una distinción clara, entre lo que es conocimiento (Episteme) y lo que no lo es (Opinión o Doxa). 2. El acto filosófico siempre tiene una dimensión normativa, jerárquica, es decir, p.ej., en el marxismo, el materialismo es lo bueno, lo certero, lo objetivo, lo superior, mientras que el idealismo, es lo malo, lo falaz, lo subjetivo, lo inferior.


Estos dos puntos centrales del acto filosófico son la razón por la que se concibe a la filosofía como «el eterno retorno de lo mismo», ya que esas dos características se consideran como inmutables en el acto filosófico, a través de la historia humana. Ello, acota Badiou, es la razón por la cual se percibe a la filosofía como siempre la misma cosa, ya que cada filósofo, en esencia, siempre busca 1. diferenciar y 2. establecer una nueva jerarquía categorial. Pero todo no acaba aquí.


Para Althusser, como hemos podido ver, la filosofía es la eterna repetición de lo mismo, sin embargo, a ello Badiou acota, repetición sí, pero creativa. Ya que precisamente cuando un filósofo realiza nuevas distinciones, donde otros veían analogías, o realizan nuevas jerarquías donde otros veían subordinaciones, se produce el acto de creación de una nueva entelequia. Una nueva verdad aparece.


Referencias bibliográficas

BADIOU,Alain. (2007). «La filosofía como repetición creativa». The Symptom Online Journal. En: https://www.lacan.com/badiou18spa.html

HEGEL, G.W.F. (2010). «Diferencia entre los sistemas de filosofía de Fichte y Schelling». Editorial Gredos.

Fuente: LIRA, Israel. «Columna de Opinión del 09.02.2018». Diario La Verdad.

 
 

© 2021  Israel Lira 

Sol Andino
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