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Ser Humano: igualdad en la desigualdad

Foto del escritor: Israel LiraIsrael Lira

Actualizado: 18 ene 2023



¿Somos iguales los seres humanos? ¿Es la igualdad que se pregona en la mayoría de sistemas políticos sustentada en un hecho fáctico? Si no hay igualdad ¿Qué queda? ¿La diferencia y las visiones supremacistas de razas superiores? Responderemos a estas interrogantes, alejados de todo presupuesto del determinismo genético de Murray & Herrnstein (1994). Somos de la postura de autores como Moreno Muñoz (1995), Gould (1981, 1983), Lewontin (1982, 1987) y Medawar (1982), en donde a través de una revisión critico-filosófica, se aborda el tema de la diferenciación humana a partir de la genética de la conducta. Ello debido a la reaparición de ciertos postulados seudocientíficos, que alegan una relación directa e inmanente entre la raza y el coeficiente intelectual o una oposición irreconciliable entre el ambiente y la genética. Es decir que, sin importar el grado de influencia de la naturaleza en el individuo, existiría una pre programación invariable dispuesta en nuestra información genética que influenciaría directamente en factores hereditarios como el Coeficiente Intelectual, el Retraso Mental y las Psicopatologías.


Sin embargo, como señalan los autores antes mencionados y en particular Moreno Muñoz (1995), «creer que nada puede ser hecho para alterar los efectos genéticos denota un gran desconocimiento de cómo funcionan los genes. Los efectos no restan libertad individual (excepto en el caso de enfermedades genéticas que provocan graves trastornos metabólicos, motores o psíquicos); no determinan la conducta».


En efecto, las investigaciones científicas en el campo genético y de la biología molecular, si bien han dado resultados sorprendentes sobre nuestro comportamiento y posibles orígenes de nuestra conducta y habilidades particulares, estas investigaciones aún no han podido encontrar un nexo entre determinadas conductas y/o particularidades y la información genética hereditaria. Es por esta razón que la genética de la conducta no efectúa su análisis en individuos en tanto miembros de un grupo humano o raza, sino en tanto individuos, con información genética única, lo que no implica una menor relevancia al análisis del tema del individuo en relación con un grupo en particular con el cual comparte características fenotípicas, que es precisamente la manifestación del genotipo en determinado ambiente.


No solo sería un gen el que predispone o influencia al surgimiento de determinada conducta o cualidad (estatura, constitución atlética, talento musical, inteligencia, etc.) sino cientos de genes (Plomin: 11-19). Por lo que el desarrollo en un ambiente determinado puede desencadenar esa predisposición genética innata, pero ello no implica pre programación como bien asevera Moreno Muñoz.


Dicho esto, podemos afirmar, que la diferenciación lejos de ser un presupuesto que algunos califican como contrario a la dignidad humana, su pleno entendimiento desde el punto de vista crítico que parte de la filosofía de la biología y de la genética de la conducta, al contrario de ir en contra de esta, la reafirma, puesto que reconoce y revaloriza la originalidad de la individualidad, que refrenda el hecho que cada ser humano es un ser único, especial e irrepetible, ya que no hay una relación o nexo determinante entre un gen y la manifestación fenoménica de comportamientos y/o habilidades específicas. Ajeno pues, como veremos, a cualquier intento de cosificación del hombre, sino al ensalzamiento de su univocidad tanto individual como colectiva. Concluyendo que, la desigualdad humana producto de su originalidad es un hecho científico, y por ende, si existe igualdad es solo en el hecho que si hay algo que todos compartimos, es precisamente nuestra diferencia e irrepetibilidad como seres biológicos. Somos iguales en nuestra desigualdad en un sentido dialéctico (ya que no es posible comprender la condición humana toda en parámetros de lógica formal sino de lógica dialéctica), y la igualdad ante la ley, es la ficción creada como recordatorio de dicha condición. El ser humano busca siempre la diferenciación y la distinción, la igualdad ante la ley es la construcción social que evita que la diferenciación degenere en formas variadas de discriminación negativa.


Así pues, la igualdad total del género humano es una utopía, un imposible en un sentido y/o en términos estrictamente biológicos, sin embargo, y partiendo de este hecho se llega a la premisa de que, por lo mismo que todos somos desiguales, eso es lo que compartimos todos, y si somos iguales en algo de forma absoluta, es en nuestra diferencia, y aun más en la diferencia de sufrimiento, en un sentido ontológico. No hay ser humano en todo el orbe que se abstraiga del fenómeno del sufrimiento, y en eso sí somos todos iguales, seres sufrientes, y sólo cuando sufrimos generamos empatía, comprensión por el otro. Lo que caracteriza a la condición humana, a lo qué es Ser humano, es el sufrimiento, si Ortega y Gasset (1914) dijo alguna vez que «yo soy yo y mi circunstancia», nosotros diremos que el ser humano, es el ser humano y su sufrimiento, y que por ello debe haber unas condiciones mínimas de protección jurídica a la dignidad humana. Siguiendo la misma lógica, cuando hablamos de lucha contra la desigualdad en el terreno socioeconómico, deberemos precisar a qué desigualdad nos referimos, si a una desigualdad de resultados o a una desigualdad de oportunidades. Pretender que todos ganen de forma equitativa (para ver la relación y diferencia entre igualdad y equidad, ir a: Apuntes sobre la igualdad), es decir que, haya una justa retribución por igual trabajo (en un mismo ramo de producción) en materia salarial, así como lo relativo a la redistributividad de los impuestos, se encuentra en el marco de la igualdad de resultados, mientras que, por otro lado, la igualdad de oportunidades, al contrario, lo que busca es que todos tengan las condiciones más básicas, para con su esfuerzo y talento, no solo procurarse lo mínimo necesario para el desarrollo humano sino también para mejorar socioeconómicamente. Consideramos que la igualdad de resultados es la consecuencia inequívoca de una eficiente igualdad de oportunidades, aunque muchas veces, hay una disrupción entre ambas categorías, que en política social deberá de corregirse.


Como colofón a lo expuesto en esta parte final: ¿Cómo mejoras las oportunidades? De varias formas: reformas económicas, tributarias, laborales, etc. Pero también, generando una condiciones equitativas de acceso al bienestar social, y eso es precisamente lo que hace la igualdad de oportunidades. La igualdad de oportunidades no tiene nada que ver con quitarle al rico para darle al pobre, no guarda relación alguna con igualar a desiguales en talentos, eso es otro concepto que por ello tiene el nombre de igualitarismo, que es la nivelación hacía abajo. Por el contrario, unas condiciones equitativas de acceso al bienestar social, implica la garantía de que todos los miembros de la sociedad deban participar en la creación, multiplicación y conservación de la riqueza.


Referencias bibliográficas


HERRNSTEIN, Richard J. & MURRAY, Charles. (1994). «The Bell Curve». Free Press.

MORENO MUÑOZ, Miguel. (1995). «La determinación genética del comportamiento humano. Una revisión critica desde la filosofía y la genética de la conducta». Párrafo Quinto del Punto 7. En: Gazeta de Antropología, 11, articulo 06.

GOULD, S. J. (1981). «La falsa medida del hombre». Barcelona, Antoni Bosch.

GOULD, S. J. (1983). «Desde Darwin: Reflexiones sobre historia natural». Madrid, Hermann Blume.

LEWONTIN, R.C. (1982). «La diversidad humana». Labor.

LEWONTIN, R.C. (1987). «The irrelevance of heritability». Science for the People, 6: 23-32.

MEDAWAR, P. (1982). «Pluto´s republic». Oxford, Oxford Univ. Press.

PLOMIN, Robert. (1990). «Nature and nurture. An introduction to human behavioral genetics». Pacific Grove, California, Brooks/Cole Publishing Company.


Fuente: LIRA, Israel. «Columna de Opinión No. 38 del 21.05.2018». Diario La Verdad.

 
 
 

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